Hace poco una amiga subió una montaña y me estaba esperando en cierto punto de ella. Supuestamente tenia que seguir todo el tiempo derecho en el camino, pero encontré una bifurcación, el camino se dividió en tres.
¿Qué camino elegir?
Miré hacia arriba a ver si divisaba a mi amiga, pero nada, no aparecía en ningún lado, ¿cual es el camino?, decidí tantear cada uno, comenzando por el de la izquierda, este me llevo a un claro donde pude descansar un poco pero sabia que no debía continuar por ese camino, ¿cómo lo sabia? no fue del todo razonamiento sino intuición, me devolví y continué por el camino de la derecha y de pronto escuche voces, ella debía estar más arriba pero estaba en el camino correcto.
¿Qué camino elegir?
Definitivamente depende de donde queremos estar...
Mucho de lo que aprendí subiendo el Avila me ayudó a tomar decisiones, a identificar cosas que de otra manera serian invisibles a la vista.
Subir una montaña es parte de la vida y al mismo tiempo es una metáfora que habla sobre la vida, es una forma pura, natural y simple de entender algo a mayor escala.
Lo maravilloso es que todo el mundo sin importar la edad puede subir una montaña, y dependiendo de su sensibilidad.
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